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Fritz Leiber

Nació en 1910 -en Chicago, EEUU, y murió en 1992. Fritz Leiber es universalmente considerado como uno de los grandes padres de la fantasía heroica moderna, en particular gracias a sus novelas y relatos cortos protagonizados por Fafhrd y el Ratonero Gris. A lo largo de su vida aplicó su enorme talento a todo tipo de géneros, legando a la posteridad una obra que marcaría a las siguientes generaciones.

Nacido en Chicago en la Nochebuena de 1910 e hijo de actores shakespearianos, Leiber tuvo una infancia marcada por el teatro y el drama que influiría claramente en su prolífica obra literaria. Tras graduarse en Psicología y Filosofía, se dedicó a actividades tan variopintas como ministro de la Iglesia Episcopal y actor en la compañía de su padre, hasta que en 1936 se casó por primera vez y se trasladó a Hollywood, donde trató de encontrar trabajo como actor a la vez que comenzaba a hacer sus pinitos como escritor.

Por suerte para la literatura, lo de trabajar como actor no acabó de funcionar (apenas apareció en un par de papeles menores). En aquella época comenzó a cartearse con Howard Philips Lovecraft, que por entonces era su mayor influencia literaria, aunque no estilística. Lovecraft le animó a seguir escribiendo, de manera que Leiber comenzó a trabajar en los dos personajes que más reconocimiento le repostarían, Fafhrd y el Ratonero Gris, que ya aparecían en su primera obra publicada, la novela corta «Two Sought Adventure» (aparecida en el número de abril de 1939 de la revista Unknowm), en la que supuso su primera incursión en el género de la espada y brujería dentro del mundo de Lankhmar. Ya entonces haría gala de una encomiable versatilidad, adentrándose en el género de terror sobrenatural con sus siguientes relatos cortos, pero sería su primera novela larga, también serializada en Unknowm, la que le confirmaría como una figura a tener en cuenta: se trata de «Esposa Hechicera» (1943), que nos presenta una curiosa historia basada en la premisa de que todas las mujeres son brujas, y con la que Leiber demuestra no sólo encontrarse por encima de la media en cuanto a estilo literario, sino también que tenía cosas muy interesantes que decir. Esa sensación se confirmó con su siguiente novela, también serializada: ¡Hágase la oscuridad! (1943), mezcla de terror y ciencia ficción.

Una vez finalizada la segunda guerra mundial, Leiber comenzó a intensificar su producción literaria, centrada no sólo en la serie de Lankhmar (que, todo hay que decirlo, no gozaba de la popularidad que ha disfrutado en los últimos años), sino en diversos géneros y registros, en particular el terror y la ciencia ficción. Fue también a lo largo de esos años cuando sus novelas, originalmente serializadas, comenzaron a aparecer en tapa dura y se convirtió en un autor de referencia para el aficionado a la fantasía, que poco a poco comenzó a familiarizarse con las inquietudes del autor: su pasión por la arquitectura, el entorno, la naturaleza, el paso del tiempo y los gatos, que tendrían un gran protagonismo en varios de sus relatos cortos.

Conforme iba madurando como escritor, y en particular tras la muerte de su primera esposa en 1969, el tono de sus historias se fue volviendo más introspectivo, sin perder nunca un cierto sentido del humor agridulce, un cambio acaso propiciado por su condición de alcohólico. También comenzó a hacer relatos sociales más realistas en sus obras. El caso más representativo de todo ello es «Nuestra señora de la oscuridad» (1977), con la que volvió a deleitarnos con una de las mejores historias que ha visto el género de terror, a la vez que nos presenta un fuerte elemento autobiográfico. destacando el personaje principal, un escritor alcohólico como el propio Leiber que debe superar la muerte de su mujer. Aun así, la novela presenta también elementos de fantasía, y es sin duda una de sus mejores obras.

En las últimas dos décadas de su vida, Leiber continuó creando historias de Fafhrd y el Ratonero, mucho más complejas y sofisticadas que las que le dieron a conocer originalmente, y se casó por segunda vez. A su muerte, en 1992, dejó una producción literaria que abarca la mayor parte del siglo XX y una abrumadora diversidad de estilos, lo que le ha erigido como una de las figuras más relevantes del género fantástico en su más amplia definición-

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