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Frodo despierta en Rivendel, donde ha sido cuidado durante tres días por el propio Elrond, y su brazo está ahora casi curado. Gandalf también está allí y le explica brevemente lo que ha sucedido. Una gran fiesta se celebra en conmemoración de la victoria del Vado del Bruinen, y los cuatro hobbits son los invitados de honor. Frodo ve muchas caras nuevas: Elrond, su hija Arwen, y Glóin, uno de los doce enanos que habían acompañado a Bilbo en su gran viaje. Se lleva una grata sorpresa cuando se encuentra allí con Bilbo que ha vivido en Rivendel desde que dejara La Comarca. Entonces mientras los Elfos cantan y escuchan los cuentos, él y Frodo hablan durante mucho tiempo de sus aventuras.
Glóin dice que varios mensajeros de Mordor han hablado con los Enanos y han buscado información sobre Bilbo y su Anillo. Entonces se cuenta la historia del Anillo, desde su forja hasta las aventuras de Bilbo y Frodo. Gandalf explica los problemas que tuvo en el verano, cuando fue hecho prisionero por Saruman el Blanco; antes sabio jefe de los Istari, y ahora una marioneta de Sauron. El Concilio concluye que el Anillo no puede ser usado por nadie excepto por Sauron, ni puede guardarse para siempre; por ello, debe destruirse en los fuegos del Monte del Destino. Al final, Frodo decide aceptar esta tarea (asombrándose de sus propias palabras), y Elrond lo aprueba.
Se mandan muchos exploradores desde Rivendel a todas las direcciones para buscar noticias de cualquier sirviente del Enemigo, y vuelven aproximadamente dos meses después sin haber descubierto ninguna noticia importante. Elrond escoge a los compañeros de Frodo; y la Comunidad del Anillo queda formada por Frodo, Sam, Gandalf, Aragorn (Trancos), Legolas, Gimli, Boromir, Merry y Pippin. Bilbo regala su espada, Dardo, y su cota de mithril a Frodo. La Comunidad parte hacia el sur, viajando al oeste de las Montanas Nubladas durante muchos días, principalmente bajo la oscuridad de la noche. Observan que muchos cuervos y halcones vuelan sobre ellos, y piensan que los pájaros podrían ser espías del Enemigo. La compañía intenta cruzar las Montanas Nubladas a través del Paso del Caradhras, pero parece que la montaña los odia: una gran tormenta y avalanchas de nieve les obligan a retroceder, para no morir congelados.
La única manera para la Comunidad de alcanzar el otro lado de las Montañas, es atravesar las minas de Moria, o Khazad-dûm que antiguamente era un reino espléndido de Enanos, pero que ahora está desolado y es conocido como un lugar terrible. La compañía es atacada por Huargos, grandes lobos al servicio de Sauron, y aunque tienen éxito en su primer ataque, parece que el viaje a través de Moria es ahora la única solución para evitar ser sorprendidos por los lobos otra noche. Encuentran las Puertas de Moria y Gandalf descubre la contraseña que las abre. Tan pronto entran, unos tentáculos de una criatura desconocida indudablemente maligna, se arrastran fuera de la laguna, y casi consigue arrastrar a Frodo a sus profundidades. Al escapar, la compañía entra rápidamente y descubren que las Puertas han sido creadas para abrir desde fuera. Viajan a través de la oscuridad de las Minas durante dos días, y Frodo frecuentemente cree oír pasos distantes que los siguen. En la mañana del tercer día alcanzan la tumba de Balin.
Gimli y Frodo visitan el Lago Espejo. Entonces la compañía continúa su marcha, y Aragorn atiende las heridas de Frodo y Sam. Entran en el bosque de Lórien, y cruzan el río Nimrodel. Son detenidos por tres guardias Elfos de Lothlórien que les permiten dormir en sus flets (talan). Esto les protege de los orcos y de los curiosos ojos de Gollum. Puesto que los mensajes de Elrond ya han llegado a Lórien, la Compañía se dirige a Caras Galadhono con sus ojos vendados y acompañados por dos guardias. Se encuentran más Elfos al día siguiente que traen un mensaje del Señor y Señora de los Galadhrim dando permiso a la compañía para caminar sin vendas. Lórien es una tierra extraña, maravillosa, donde muchas cosas antiguas y justas todavía se mantienen vivas desde los Antiguos días. Pasan por Cerin Amroth, el Montículo de tierra de Amroth del que Aragorn parece tener recuerdos muy agradables.
La compañía se pasa varios días en la ciudad más importante de Lothlórien, Caras Galadon; allí encuentran al Señor Celeborn y a la Señora Galadriel, y habla con ellos sobre su causa y sobre Gandalf. Galadriel lleva a Frodo y a Sam a un jardín con un seto frondoso, llena de agua un pilón de plata creando un Espejo mágico. Ella les permite mirar en el espejo, pero les advierte que puede mostrar el pasado o el futuro, y puede ser traicionero si se actúa en consonancia con lo que muestra el espejo. Sam mira primero en el espejo, y ve árboles cortados en La Comarca. Le toca a Frodo mirar en el espejo, y ve muchas cosas: Gandalf en una túnica blanca; Bilbo, recorriendo su cuarto, el Mar y el Ojo de Sauron. Frodo ve en el dedo de Galadriel el Nenya, uno de los Tres Anillos de los Elfos, y le ofrece el Anillo Único, pero ella lo rechaza.
El viaje hacia el sur a través del Anduin, el Gran río, en las barcas élficas, sigue durante varios días. Gollum les sigue en un tronco de madera, mientras los orcos frecuentan la orilla este del rio. De lejos observan un águila en el cielo, y deciden viajar de noche para minimizar las oportunidades de ser descubiertos. Una noche, estando muy cerca de los Rápidos de Sarn Gebir, son atacados por orcos del lado este. Una extraña forma oscura vuela encima de ellos, y Legolas le dispara una flecha dándole de lleno; esto desanima a los enemigos, el ataque se detiene y la compañía se retira a una orilla. Aquí descubren que habían pasado casi un mes en Lórien. Llevan sus barcos y equipaje a lo largo de un camino viejo mas allá de los Rápidos, y continúan el viaje mas allá del las Argonath, los Pilares de los Reyes, las grandes estatuas de Isildur y Anarion construidas hace tiempo por los Numenoreanos. Poco después llegan a las Cataratas del Rauros, donde deben decidir qué camino tomar: ir al este a Mordor, o seguir al sur hacia Minas Tirith.
La compañía pasa la noche en la orilla occidental del río. La hoja de Dardo, la espada de Frodo, empieza a brillar, indicando que los orcos no están lejos. Al día siguiente deben decidir su camino. Frodo siente la necesidad de tomar la decisión a solas, y los otros le dan una hora para tomar una determinación. Se aleja para intentar tomar una decisión clara. Entretanto, Boromir se aleja de la compañía con disimulo, encuentra a Frodo en el bosque y le insta a que le dé el Anillo. Frodo piensa ahora firmemente en ir a Mordor e intentar destruir el Anillo; Boromir se enfada y empieza a amenazarlo para que Frodo le dé el Anillo. Frodo se lo pone y corre lejos. Va a la cima de la colina de Amon Hen, donde puede ver (todavía llevando el Anillo) las tierras cercanas y distantes hasta las fronteras de las tierras de Mordor. Siente el Ojo de Sauron que lo busca, y finalmente se quita el Anillo. Decide dejar la compañía en secreto, enseguida, porque nunca volvería a tener el valor suficiente para partir de nuevo. Entretanto Boromir regresa con la compañía y empiezan a buscar a Frodo; mientras los otros están investigando, Sam comprende que Frodo está intentando dejarlos, y vuelve a las barcas justo cuando Frodo está arrastrando una hacia el agua. Enseguida Sam y Frodo salen juntos, cruzan el río y parten hacia el suroeste, hacia Mordor. |
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