



S. «El Dorado» († 501 P.E.), un nombre que se refiere al fuego de su interior, pero que también expresa la admiración que los elfos y hombres le otorgaban. La nostalgia élfica incluye a los monstruos en la glorificación de los tiempos pasados. Los dragones de antaño eran majestuosos en su atrocidad y el fuego ardía con más calor en ellos que en sus lamentables descendientes. Glaurung, el Urulóki (Q. «Serpiente de Fuego» ) fue el Padre de los Dragones.
Sólo Morgoth sabía de qué animales lo había criado. Aunque lo llamaban «Gusano» o «Serpiente», tenía pies y era muy ágil. Con el fuego y los gases venenosos, que esparcía a su alrededor, podía devastar franjas enteras de tierra.
En el año 260 P.E. después de la salida de la luna, apareció por primera vez en la llanura de Ard-galen, según dicen, por decisión propia y arrogancia juvenil. Entonces su armadura aún no estaba totalmente cerrada y tuvo que huir de Fingon y sus arqueros montados. No volvió a aparecer hasta doscientos años más tarde y decidió la Dagor Bragollach con sus llamaradas.
En la siguiente gran batalla, la Nirnaeth Arnoediad, reapareció encabezando a sus hijos. Entretanto los enanos se habían preparado para recibirlo, por lo que se encontró con sus hachas y el cuchillo de Azaghâl. En su ataque a Nargothrond demostró, además de sus aptitudes en combate, sus cualidades de estratega.
Morgoth lo consideraba la criatura cercana a él más inteligente; por ello le dio el mando supremo sobre los orcos y, en especial, una difícil misión de encantamiento que llevó a cabo con bravura: hechizó a Túrin mediante sus ojos sin párpados y le sugirió algunas mentiras. Tan difícil era distinguirlas de la verdad, que llegaron a ser determinantes en la fatalidad de su destino.
Glaurung había aprendido de Morgoth a gozar de la malicia refinada, pero sus ancestrales instintos de dragón eran más simples. Así, tras la conquista de Nargothrond, se dedicó a descargar su fuego y quemar todo lo que había a su alrededor; luego amontonó todos los tesoros de Felagund y se echó encima.
Algunos años más tarde, Túrin lo mató en la Garganta de Cabed-en-Aras. La hazaña se cantó en la balada de «Los Hijos de Húrin», pero para la guerra contra Morgoth su acción no era importante. Glaurung murió orgulloso del daño que había causado.
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