Obra ⇁ Razas

Istari

Q. «Magos» (sindarin Ithryn), denominación popular para «los Sabios». A partir del año 1000 T.E., más o menos, unos hombres viejos despertaron curiosidad y sorpresa en la Tierra Media, porque andaban de un lado para otro, se mezclaban en asuntos de los demás, disponían de alguna que otra capacidad paranormal y no parecían envejecer con el paso de los siglos. Únicamente Círdan, Elrond y Galadriel sabían de quiénes se trataba.

Con antelación había tenido lugar un consejo de los Valar, en el que se decidió enviar unos mensajeros a la Tierra Media para apoyar a los amenazados elfos y hombres contra Sauron, que de nuevo se había hecho fuerte. Aulë propuso a Curumo, Oromë recomendó a Alatar y Manwë preguntó por Olórin. Este acababa de regresar de un viaje y, sin quitarse su manto gris, se había sentado en la última fila. Dijo que estaba demasiado débil para esta misión y que le tenía miedo a Sauron. Manwë le respondió que esa era una razón más para que fuera el tercero en ir. Entonces Varda le dirigió una penetrante mirada a su marido y dijo «No como el tercero». Curumo tuvo muy en cuenta el desaire.

Estos heraldos pertenecían a la «Orden de los Sabios» (Heren Istarion) y eran Maiar o Valar. Parece que aún se enviaron otros mensajeros (en total, al menos cinco), pero las historias de la Tercera Edad sólo nos dan a conocer los detalles sobre Curumo (S. Curunír) y Olórin (S. Mithrandir). A petición de Yavanna, Curumo tuvo que llevarse a Aiwendil, que sólo se interesaba por el mundo de los pájaros de la Tierra Media. De los otros dos sólo sabemos que se llamaban Alatar y Pallando, vestían mantos azules, fueron enviados a instancias de Oromë y partieron rumbo al este. Se supone que cada uno de ellos defendía los intereses del Vala que lo había designado.

Los Istari tenían la misión de dar consejo y ánimos a los amenazados pueblos de los elfos y los hombres, aunque sin darse a conocer ni enfrentarse abiertamente a Sauron con los propios poderes. Saruman y Gandalf no se atuvieron durante mucho tiempo a esta condición. Cada uno de ellos vestía de un color: Saruman el Blanco, Gandalf el Gris, Radagast el Pardo; el blanco solía señalizar el rango más alto. Además, cada cual tenía su vara, que era signo de la Orden e instrumento de poder al mismo tiempo. Saruman y Gandalf formaban parte del Concilio Blanco, que determinaba la política de los elfos frente a Sauron. Saruman no fue fiel a la misión encomendada; Gandalf lo expulsó finalmente de la Orden y rompió su vara.

Como habían adoptado la apariencia de los hombres, los Istari estaban expuestos hasta cierto punto a las necesidades y dificultades humanas. Cuando «morían», como Gandalf y Saruman a lo largo de los sucesos, eso sólo significaba que perdían su forma, lo que no debía de ser una desgracia irreparable para unos espectros de su rango.