



La Tierra Media ha conocido diferentes reinos y países a lo largo de los siglos, sobre todo durante la Tercera Edad. Antiguos reinos que se levantaron con la fuerza de hombres, elfos o enanos; reinos que cayeron bajo el puño de la oscuridad o la codicia y negligencia de sus gobernantes; países que han redifinido sus fronteras a lo largo de los año; poblaciones que lucieron orgullosas hasta convertirse en un mero recuerdo de lo que fueron; o ciudades antiguas, aún esplendorosas, que ocultan grandes historias tras cada piedra.
Los imperios emergen y se derrumban, las ciudades se construyen, reconstruyen y se arrasan o abandonan, pero la tierra permanece. Las montañas, montes y colinas son eternas, sólo moldeables por el desgaste del tiempo o el capricho de algún Ainur. Las grandes regiones de la Tierra Media han sustentado reinos, razas y culturas muy diferentes. Algunas son meros páramos y desiertos, arrasados por guerras quizás, otras son ricas en flora y fauna, pero todas serían capaces de contar las apasionantes historias de los elfos y hombres que las han pisado.
Las corrientes de agua dulce siempre han atraído a grandes grupos humanos a sus alrededores, pues el agua es esencial para todos los seres vivos. Los ríos bañan el interior de la Tierra Media, nacen en sus montañas y descienden hacia los mares y lagos. Si las montañas ocultan reinos y moradas, los ríos y mares pueden presumir de haber visto muertes, naufragios, batallas importantes para el curso de la historia.