Todos escucharon mientras la voz clara de Elrond hablaba de Sauron y los Anillos de Poder y de cuando fueron forjados en la Segunda Edad del Mundo, mucho tiempo atrás. Algunos conocían una parte de la historia, pero nadie del principio al fin, y muchos ojos se volvieron a Elrond con miedo y asombro mientras les hablaba de los herreros elfos de Eregion y de la amistad que tenían con las gentes de Moria y de cómo deseaban conocerlo todo y de cómo esta inquietud los hizo caer en manos de Sauron.

Viaje al Este (Cont. Poney Pisad.)

Iniciado por Eoder, 26 de Abril, 2004, 00:46:20

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Eoder

"Abro un nuevo post que continúe la historia de 'El Poney Pisador'. Este es exclusivamente para el viaje al este."



- No veo nada, elfo - dije a Curundil -. Ni siquiera me veo la punta de los pies.
Caminaba tras el elfo, con una mano en su hombro, y con la otra en la empuñadura de la espada.
- Vamos, vamos. Verás como se te acostumbra la vista en un rato.
- En un rato pueden pasar muchas cosas...

A pesar de no ver absolutamente nada, los otros sentidos se habían potenciado. Así podía distinguir entre el olor a humedad, otro olor más acre, como a carne abrasada. El suelo estaba totalmente encharcado, y me di cuenta de que el trazado del túnel era totalmente irregular. Tan pronto se ensanchaba como se estrechaba.
No tardamos en oír unos ruidos familiares. Parece que estábamos acercándonos al lugar donde se encontraban los trolls.

- Ssshh - dijo con Curundil llevándose un dedo a los labios -. Haces demasiado ruido con esas pesadas botas chapoteando en el agua, nos van a descubrir.
- Eso si no nos han olido ya.

Llegamos a la desembocadura de un túnel que daba a una gran caverna según Curundil. Entramos en ella y me pareció empezar a ver algo.
- O se me han acostumbrado los ojos, o más adelante hay encendido un fuego.
- Vaya, jinete. Parece que has aprendido algo de los elfos.
- Perdóname, señor elfo; pero creo que todavía tiene que demostrarme muchas cosas para empezar a enseñarme algo - dije sonriendo.
- Muy bien. Pues observa - y Curundil salió corriendo hacia la luz.
- ¡Maldito elfo! ¡Te van a matar loco! Cht - y salí tras él sin saber a qué peligro nos enfrentábamos exactamente. Aunque quizá fuera eso lo que amaba de la aventura.

"La Compañía del Anillo será de Nueve, y los Nueve Caminantes se opondrán a los Nueve Jinetes malvados."

Curundil

La caverna era enorme;  casi no alcanzaba a ver la bóveda.  Pero curiosamente, bajaba hasta llegar a unos 5 metros de altura, de lado a lado, para volver a subir en otra impresionante caverna.  Antes de llegar a esa parte intermedia paré para empezar a buscar a los trolls.  Me dí media vuelta y en ese momento llegaba Eoder con los brazos por delante y parando.  Le cogí del brazo y le mostré la nueva cavidad, donde el pequeño fuego estaba apagándose ya.

-  Sí, esto ya está mejor. - Dijo parpadeando rápidamente varias veces. -  Ese fuego se está extinguiendo, no estarán lejos de aquí.

-  Tienes razón.  Además, ¿consigues ver el humo que desprende?

-  No, todavía no...

-  Pues se dirige ligeramente hacia la derecha.  Ahí hay un pasadizo.  Parece que tiene algo de corriente.

Cuando nos dirigimos para allí oímos que por la misma cavidad por la que ibamos a penetrar algo se movía, se acercaba hacia nosotros.  Nos escondimos detrás de unas rocas que estaban rodeadas de esqueletos destrozados y cráneos hechos trizas, junto a armas y distintos utensilios usados en los viajes.  En ese momento tropecé con una funda especialmente pulida.  Era la espada de Feänor!!!

Cuando la vio Eoder se quedó blanco.  Encontramos varias de las pertenencias de Crinblanca también.  las dejamos en un lado, quedándonos con las armas principales, para dárselas en cuanto fuera posible.

Eoder

-Tranquilo Eoder. Creo que están bien, o por lo menos, lo mejor que se pueda estar en esta situación. No veo ningún rastro de violencia reciente...-dijo mirando las huellas del suelo.
- Muy bien, pues no se hable más - dije cogiendo la espada de Feänor -. No creo que le importe que la use un rato. Señor elfo, ¿sabe luchar con dos espadas?
- Me defiendo - dijo cuando cogió la espada de Crinblanca que le había lanzado -. Lo primero será seguir las huellas; los trolls deben tenerlos prisioneros en alguna de estas cuevas.
- Lo que me resulta extraño es que no nos hayamos topado con ninguno de esos trolls. ¿No nos estarán preparando... - una fuerte exhalación proveniente de mis espaldas me hizo enmudecer.
- Eoder...- dijo Curundil sorprendido.

Sin pensármelo dos veces salté a mi izquierda cayendo bruscamente al suelo, justo en el momento en que un troll descargaba su gigantesco martillo sobre el lugar en el que había estado.
Curundil saltó hacia el troll con las espadas en alto. Un par de mandobles provocaron algunas heridas al troll que golpeó fuertemente al elfo.
Ya de pie, y estando el troll despistado, conseguí herirle en una de las piernas lo que hizo que se hincara de rodillas. Con un velocidad pasmosa, Curundil tenía en su mano el arco tensado con una flecha, que fue a parar a la nuca del pobre troll. Este volvió a erguirse dando manotazos al aire, como quitándose las moscas que le molestaban.

- ¡Eoder, vienen más tras de ti! ¡Corramos!

Enfilamos el túnel hacia donde iban las pisadas corriendo a toda velocidad. Curundil, con dos espadas colgando de su cinturón, se detenía de vez en cuando y lanzaba una ráfaga de flechas, que al parecer, de poco servían. Algún que otro murciélago despistado nos golpeaba en la oscuridad.

- Curundil, esto debe conducir a las prisiones, estamos bajando mucho -. ¿Has pensado cómo vamos a salir de aquí si este túnel no continúa y al final nos esperan más trolls?
- Ya nos ocuparemos de eso más tarde - dijo mientras lanzaba más flechas.
- Creo que ya es 'más tarde' - dije mirando al frente.

Unos pasos más y entramos en otra gran caverna con varias hogueras y algunos trolls, que dirigieron sus diminutos ojos hacia nosotros. Una sensación de impotencia nos invadió. Detrás de nosotros oíamos los golpes de las pisadas de otros trolls que nos perseguían.
- Maldita sea, ¡esto es un nido de trolls! - dijo sorprendido Curundil.
- Pocas opciones tenemos... -dije calmando los nervios -. Intentemos encontrar a Feänor y Crinblanca, con ellos aumentarían algo más nuestras expectativas...
- Pues movámonos ya. Tú vete por aquel lado, yo llamaré la atención yendo hacia el centro de la caverna - y dicho esto salió corriendo directo hacia todos los trolls.
- Este elfo está loco, definitivamente... Cht - y corrí hacia las prisiones que había a la izquierda.

Sorteando a un par de trolls, conseguí llegar a la única puerta que estaba cubierta por un inmensa piedra. A su lado había un troll de espaldas, moviéndola. Aprovechando ese despiste, corrí directo hacia él con las dos espadas por delante. Las hundí por su costado derecho. Con un gruñido cayó al suelo. La piedra no se había movido lo suficiente como para pasar. Tendría que empujarla yo mismo... Pero primero quería asegurarme de que los demás estaban allí encerrados.
- Feänor, Crinblanca,... ¡Chicos! ¿Estáis ahí? - dije a través de una pequeña abertura dejada por la piedra -. ¡EEEOOO!
- ¡¿Eoder?! - respondió una voz que parecía en la lejanía.
- Sí, somos nosotros, y hemos venido a rescataros... Por lo menos esa era la idea - dije mirando hacia el centro de la caverna donde se supone que Curundil distraía a las criaturas - Intentaré abrir la puerta, tengo una idea. Apartáos todo lo que podáis.
- ¿Cómo moverás la piedra?
- Sólo necesito la ayuda de un troll. Ahora vuelvo - y me dirigí hacia el centro de la caverna donde se concentraba toda la atención.

"La Compañía del Anillo será de Nueve, y los Nueve Caminantes se opondrán a los Nueve Jinetes malvados."

Curundil

Los ojos ya se me estaban empañando de tanto cambio de ambiente, una caverna fría y húmeda y otra fría y seca, y luego otra caliente.

Nada más separarme de Eoder ya vi a los dos trolls venir de frente.  Me paré en medio y volví a tirar un par de flechas.  La primera le dió de lleno en el hombro que sostenía la maza, dejándola caer.  El segundo troll se escondió a un lado de la entrada al pasadizo. rozó en la pared y siguió a toda velocidad  hacia la oscuridad.  En ese momento se asomó y echó a correr hacia mí a la vez q se oía un grito muy grave desde el final de la caverna por donde había ido la flecha perdida.

Eché a correr hacia atrás.

-  Desde luego cualquiera creería que ví al tercer troll en el fondo...

Sólo me quedaban 3 flechas ya, así que guardé el arco para mejor situación.  Corrí a dentro y hasta detrás de unas grandes rocas que se habían desprendido de la bóveda varios cientos de años atrás.

El silencio llenaría la sala si no fuese por los ecos que recorrían incesantemente los largos  y numerosos pasadizos.  Especialmente se oían por una gran grieta que se abría justo al otro lado de donde me encontraba yo.  (Por la que te metiste, Eoder)
Me quedé quieto para observar la llegada de los trolls que me perseguían.

Eoder

Recogí una piedra del suelo y la lancé contra la espalda del primer troll que vi. Este enseguida se dio la vuelta y se dirigió hacia mí con una terrorífica maza en lo alto. Esperé a que se acercara un poco más. Miré a un lado y a otro para ver si veía a Curundil. "Dónde se habrá metido este elfo..." pensé. Cuando el troll estuvo a una distancia prudencial me volví de espaldas y comencé a correr sobre mis pasos.

El troll me seguía a la zaga, pero yo era más rápido aun con dos espadas a cuestas.
- ¡Apartáos de aquí! - grité frenándome contra la piedra de la prisión donde se encontraban los compañeros encerrados-. No sé si funcionará esto... pero es lo mejor que se me ha ocurrido en estas circunstancias... - dije casi para mí mismo.

Me di la vuelta y vi que el troll se levantaba ante mí inmenso. Sus ojos se clavaron en mí. Me apoyé contra la piedra preparado para esquivar el golpe. Levantó la gran maza y descargó todo su peso contra la gigantesca piedra que servía de puerta de la prisión. Suerte que los trolls son algo lentos y conseguí saltar a un lado antes de recibir el impacto.
El plan había funcionado. La piedra de la prisión se hizo añicos y dejó libre la salida de la caverna donde estaban Feänor y demás. El troll hizo gestos de estar desorientado por la polvareda que se había formado. Aproveché su duda para entrar a la prisión.

- ¿Estáis bien? ¡Por todos los dioses, no veo nada! - dije sacando la espada de Feänor de mi cinturón cuando oí unas toses -. Esto es tuyo elfo, estés donde estés.
Una mano se posó en mi hombro y cogió la espada.
- Desde luego más vale maña que fuerza, jinete, bien hecho - dijo Feänor en la oscuridad.
- Sí, pero ¿has pensado cómo vamos a salir ahora con un troll en la puerta? - replicó Crinblanca.
- Bastante que he llegado hasta aquí, amigos míos - dije con una mueca mientras sacaba mi espada-. Supongo que no hace falta decirlo pero esto está infestado de trolls, así que... ¡No mostréis piedad!
El troll de la puerta emitió un gruñido de amenaza que ponía los pelos de punta.

"La Compañía del Anillo será de Nueve, y los Nueve Caminantes se opondrán a los Nueve Jinetes malvados."

Feänor

Cuando vi entrar a eoder se me ilumino la cara, y cuando le vi sacar mi espoada no me lo podia creer.
-Eres el adan mas valeroso que he econtrado.
Cogiendo mi espada me dispuse a salir corriendo de la caverna a matar a cualquiera de esos trolls que nos habian encerrado; pero Eoder me puso la mano en el hombro diciendo:
-Hay muchos trolls ahi fuera compañero.
-¿Nos quedaremos entonces aqui esperando a que alguien nos saque?
en ese momento, como respuesta a mi pregunta aparecio de repente Curundil con dos espadas a todo correr, le dio su espada a Crinblanca y dijo con un aire graciosillo:
-Esos bichejos tienen muy mala leche.
-¿como vamos a salir?- pregunto Crinblanca.
El polvo que habia ocasionado el troll se habia desvanecido y ya podiamos ver a traves de la puerta, al menos los dos elfos.
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"Busca la espada quebrada que está en Imladris; habrá concilios más fuertes que los hechizos de Morgul."

Crinblanca

La situación estaba muy peliaguda, solo eramos cuatro contra una decena o mas de estas apestosas criaturas. Mirabamos en todas direcciones buscando una posible salida o alguna otra caverna del mismo estilo.
- Creo que por ahi venimos. - dijo Curundil señalando a nuestra izquierda. Yo todavia no me habia acostumbrado la vista y lo veia todo borroso.
- Me parece que te equivocas amigo, fue por ahi. - exclamo Eoder indicando con el dedo una gruta cercana a la que decia el elfo.
- Bueno, antes de decidirnos, que tal si esquivamos la piedra que se nos acerca. - dije mirando al troll que tenia enfrente y que se disponia a lanzarnos un pedrusco.
Practicamente a la vez nos tiramos a los lados para esquivarla y nos lanzamos, espada en ristre, a por el animal.
Las cuchilladas sucedian de un lado a otro, pero poco les afectaba a los trolls. Nuestra unica posibilidad era la de correr en una u otra direccion para impedir que nos alcanzases debido a su lentitud.
Tras herir a uno de ellos en la rodilla, lo que le hizo tambalerse, me acerque a los demas y les pregunte por lo que deberiamos de hacer...

Curundil

No tardaron mucho en adentrarse los dos trolls que me perseguían, uno de ellos mordiéndose el brazo donde le había dado el flechazo de antes.  No me habían visto, así q como cual hobbit haría, lancé una pequeña piedra al interior de una caverna, los varios rebotes y el eco resonaron como 3 veces 2 piedras.
Indudablemente, los dos trolls se adentraron.  Salí de mi pequeño escondrijo y lancé otra piedra al interior pero más lejos, confiando que no viesen de donde salió y sí oyesen por donde calló.

Eché a correr a la gran grieta por donde entró Eoder.  Todo derecho encontré una mole de piedra que zumbaba su maza a diestro y siniestro, con una nuve de polvo cubriendo la escena.  De entre los mazazos a las paredes y al suelo aprecié 3 figuras esquivando y ocasionalmente respondiendo a los ataques.  Me dirigí a prisa hacia ellos.  Eran los miembros de mi Compañía.

Le hendí la punta de mi espada en su piel de granito, mi brazo temblaba como tras un golpe de martillo.  Al volverse hacia mí, la saqué y me junté con mis compañeros.

' ¡Qué alegría veros juntos y a salvo! '  No se me ocurría nada más oprtuno para decir. ' Aquí tienes tu espada Crinblanca.  Es preciosa, pero está impoluta!! '  Escapemos de aquí, ahora mismo!'

Nos dirigimos rápidamente a la caverna principal de donde vine.  Pero una vez allí estábamos perdidos.  Cada uno recordaba una camino diferente.

'  Pero si esta es la grieta por donde hemos entrado, la salida está... a nuestra izquierda!  Es aquella de allí! ' Dije convencido

'  La intuición de un hombre vale más que la vista de un elfo. ' Dijo Eoder . ' Escuchad los ruidos de la que dices, Curundil, no se oye nada, por ahí no hay nadie'

El troll entro una vez más en la caverna...

Feänor

en ese momento el troll tapaba una de las salidas, dejando libre solamente la prpuesta por curundil.
'no me importa por cual hayamos entrado, lo unico que se es que por esa no podemos salir, corred, rapido!'
y nos dirigimos por el tunel de unos dos metros de alto y de la anchura de un hombre, una oscuridad inmensa se adueño de la zona, yo iba el primero, detras iban, curundil y crinblanca a eoder me lo tapaban pero pude intuir que aun estaba ayi
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Eoder

- ¡Vamos, vamos! - grité.
Al ser el último tenía una visión 'privilegiada' del peligro que nos acechaba. Tras de nosotros dejábamos la inmensa caverna de las prisiones, el nido de trolls; pero no se habían dado por vencidos. Cuatro o cinco nos pisaban los talones, y a la vez que corrían, lanzaban rocas que recogían del suelo.
Por suerte, o por desgracia para alguno de nosotros, el túnel se iba haciendo cada vez más oscuro. Ahora los tropiezos eran más frecuentes.

- ¡Arrimáos a las paredes! ¡Están lanzando piedras! ¡Así no seremos un blanco tan fácil! - dije rozando ya la pared.
Una piedra se hizo añicos por encima de mi cabeza al golpear con la pared. Delante de mí, Crinblanca perdió pie y rodó por el suelo.

- Estoy bien - me dijo cuando le ayudé a levantarse -. Señor, ¿saldremos de esta? - preguntó preocupado cuando miró hacia atrás.
- Una vez juré que ningún jinete bajo mi mando moriría sin ver de nuevo el Castillo de Oro. Una vez falté a mi palabra; no lo haré dos veces. ¡Vamos!

Los elfos habían tomado algo de distancia, pero enseguida les dimos alcance. Se habían detenido.

- No recuerdo este lugar... - dijo Curundil.
- Hemos pasado de largo varias bifurcaciones, quizá nos hemos equivocado... - dijo Feänor -; ¡pero no podemos detenernos!
- Elfos, ¿dónde estamos? - pregunté -. No veo nada.
- Se me olvidaba - dijo Feänor acercándose a nosotros para guiarnos hasta donde estaban -. Curundil, los jinetes no podrán correr a oscuras sin darse de bruces contra el suelo.
- No tenemos mucho tiempo. Los trolls no tardarán mucho en llegar - dijo mientras se quitaba la capa -. Eoder, dame tu capa.

En la oscuridad, pude ver el reflejo de la espada. Al momento oí el sonido de la tela al rasgarse.
- ¿Qué haces Curundil? - pregunté sorprendido.
- Hago tiras de tela. Cada uno cogeremos un extremo. Yo iré delante, y Feänor cerrará el grupo. Vosotros agarraos a las telas. Será la única manera de guiaros en la oscuridad sin tener que llevaros a cuestas.
- Puede ser buena idea... -dijo Crinblanca -... Ya oigo a los trolls.
- ¡En marcha compañía! - dijo Curundil -. No estamos lejos de la salida, lo presiento. ¡Ya puedo oler la hierba mojada del bosque!

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Crinblanca

Eoder me dijo que el cerraria el cuarteto, asi que agarre con todas mis fuerzas para no soltarme la tira de tela que me paso feanor, y comenzamos de nuevo a correr.
La oscuridad era inpenetrable, pero aun asi, oia los gritos de Curundil avisandonos de que ya estabamos cerca de la salida.

Por detras no cesaban los silbidos de las piedras acercandose a nuestras cabezas, pero por surte no nos daban. La distancia con los trolls parecia cada vez mayor con respecto a nosotros.
Lo conseguiriamos, saldriamos de ese horrendo lugar.

De golpe un destello de luz nos golpeo la cara como si fuese un troll de esos que nos perseguian.
Lo habiamos conseguido, estabamos fuera de la cueva....

Entariel

Cuando al fin di con la cueva en la que parecían haber entrado los trolls que se llevaron a Crinblanca y a Feänor parecía haber jaleo en su interior, escuchaba ruidos como de pelea.
Decidí esperar a que el ruido se alejase de la entrada, pero por lo visto la pelea venía en mi dirección, así que me escondí a la salida de la cueva preparada para cualquier cosa que pudiera salir de allí.

De pronto de la cueva vi salir a cuatro figuras, cuatro hombres (o al menos de su tamaño). Tras un instante reconocí a Curundil seguido de mis otros tres compañeros de viaje.

-Felicidades, ya os hacía en el estómago de alguno de esos trolls, ¿estais bien?
-Genial, nos quieren tanto que han decidido seguirnos a todas partes.-Dijo Curundil
-Haciendo amigos¿eh?.Veníd por aquí, por el otro lado vienen mas, rápido.- Dige adentrándome en el bosque por el lado derecho de la cueva.
Yo no amo la espada porque tiene filo, ni la flecha porque vuela, ni al guerrero porque ha ganado la gloria. Sólo amo lo que ellos defienden."

Crinblanca

AL verla de nuevo le exclame:
-¡Por Eru, Entariel! Estas todavia con vida, pensamos que tambien te habian atrapado.
- Por suerte no, cai en un matorral que me oculto de su vista, y veo que he estado mejor que vosotros. - dijo ella con cierta ironia.
- Venga chicos menos chachara y mas correr, que hasta que no cruce este maldito bosque no estaremos tranquilos. - dijo Eodre cerrando la conversacion.

De nuevo nos pusimos a correr en la direccion por la que habia venido Entariel para recuperar de nuevo el camino que nos aleja de ese infierno...

Eoder

" (...) La lluvia había cesado, y en su lugar se había extendido una mínima niebla, suficiente como para perder cualquier rastro si no se está atento. Entariel nos guió hasta lo que deduje era el camino.
Hace unas horas se levantaba una polvareda al trotar por él, pero ahora podías hundirte en el barro. Por Eru que en el momento en el que pusimos nuestros pies en el camino, hubiéramos dado un brazo por nuestros caballos. (...)
Durante varias millas vagamos por el camino, sin ninguna interrupción, exceptuando los traspiés producidos por el inestable fango del camino. Por suerte ahora el clima no era tan frío. Nuestras bocas seguían produciendo vapor, pero no tanto como en Bree.
Al llegar a un pequeño claro, los elfos decidieron hacer un alto, para así poder comprobar el camino que debíamos recorrer. Entariel, Crinblanca y yo aprovechamos para comer algo (...)

Una flecha surcó el cielo hasta clavarse en uno de los árboles más próximos. Entariel saltó hacia unos arbustos, mientras Crinblanca y yo desenvainábamos nuestras hojas.
- ¿Quiénes osan adentrarse tan temerariamente en 'El Bosque de los Trolls' en esta época del año? - dijo una voz que no acertamos a adivinar de dónde provenía.
Como si de magia se tratara, a nuestro lado aparecieron varios elfos con sus arcos apuntándonos listos para disparar.
- Vamos camino de Rivendel, el Último Hogar, antes casa del inmortal Elrond - respondí bajando la espada -. Nos acompañan otros dos elfos...
Sin poder terminar la frase oí las carcajadas de algunos elfos, entre los que pude distinguir la voz de Fëanor. (...)
Al parecer estos elfos procedían de Rivendel y se encontraban vigilando los lindes del bosque, manteniendo a raya a los trolls. Fëanor, habitante de Rivendel, se alegró mucho del encuentro. Todos nos alegramos aún más al reencontrarnos con nuestros huidos caballos, que habían acudido  espantados hasta los elfos (...)
- Nuestros caminos se unen ahora, extraña compañía - dijo uno de los elfos -. Os acompañaremos a Rivendel, casa de nuestros señores Elladan y Elrohir."

Extracto del Cuaderno de Apuntes de Eoder, Invierno de 1430 C.C.; Año IX de la Cuarta Edad de Gondor.

"La Compañía del Anillo será de Nueve, y los Nueve Caminantes se opondrán a los Nueve Jinetes malvados."

Feänor

esto era de lo mejor que nos podia pasar, encontrarnos con Hilherir y Lal-Galad, dos viejos compañeros de mis vaenturas en Imladris.
Se me acercaron y me dijeron. -Estas horrible Maese Feänor.
-Muchas gracias Lal-Galad, os presento a mis compañeros, el es el elfo Curundil, ellos son Crinblanca y Eoder de el País de los Caballos, y ella es Entariel de Gondor. ¿Vais hacia Imladris?.
-Yo si.
dijo hiltherir
-pero Lal-galad se quedara un mes más por aqui.
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